Cuando se cumple un año de su llegada a España, Alí recibió hace dos días los documentos que le conceden el asilo político en el país y que le permitirán "vivir con libertad".
A los 10 años, Alí, que hoy ocultaba su rostro, se dio cuenta de que era homosexual, algo perseguido en Irán, y desde entonces comenzó un infierno que se prolongó hasta que abandonó el país hace un año.
"En Irán no podía salir a la calle o ir a un restaurante, solo podía estar muerto", ha lamentado Alí, quien ha dejado allí a su hermano y su madre, quienes no saben aún que es homosexual "para evitar problemas", ya que podrían repudiarlos.
Durante su estancia en la Universidad, el iraní conoció a un chico con el que mantuvo una relación oculta bajo las cuatro paredes de una habitación que cerraban con un candado y, años más tarde, encontró a su actual pareja en un parque de Teherán.
Fue con él con quien Alí empezó a conocer a gente que se encontraba en su misma situación y fue entonces también cuando llegaron los problemas para el joven, que trabajaba como funcionario en el servicio de empleo del país.
Durante una fiesta con chicos homosexuales que se reunían periódicamente en un barrio de la capital iraní, la Policía irrumpió en la vivienda y los detuvo a su pareja y a él, que fueron trasladados a unos calabozos donde los torturaron, insultaron y agredieron durante seis días, hasta que el otro joven pagó una fianza.
A partir de entonces Alí supo que debía salir del país ya que, además, su pareja recibió una citación judicial que probablemente le fueran a enviar a él también.
Reunió todos sus ahorros para pagar un visado y en diciembre de 2008 llegó a Madrid, donde solicitó el asilo y permaneció un mes en Cruz Roja hasta que, una vez admitido a trámite, lo trasladaron a un albergue de Málaga.
Alí dejaba así en Irán a su familia y a su pareja, de quien no ha vuelto a saber nada, ya que solo tiene un número de teléfono que no está disponible cuando llama, aunque sabe que abandonó también el país.
Ahora, el joven intenta rehacer su vida en Málaga gracias a la labor del Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (Colega) y de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
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